Sunday, September 24, 2006

La señora de azul:

Hacia finales del siglo XX, los logros de la revolución bolivariana en la construcción de un sistema político-teórico pluralista, integrador y de alguna manera reivindicador de los que menos tienen, sin lugar a dudas eran palpables, salvando por supuesto el reconocimiento que los artífices de la miseria y el rencor se negaban a otorgar. La gestión constituyente puso de un plumazo en el horizonte a quienes por siempre habían sido relegados a ser cubiertos por la alfombra de la historia, como basura. Los ataques que recibía desde la mal llamada sociedad civil, eran en si tareas obligatorias ante la novedad, que según algunos estudiosos del volumen ligado a la gente, se había aprobado por una ¨minoria¨. Claro, también nos empeñamos por aquella época en producir respuestas viscerales ante la parte insustancial del libro, como los ahora apellidos de la patria, que siempre y por que si, al menos para mi, será Venezuela. La oportunidad era de oro para que colegios profesionales trabajaran de la mano con el nuevo instrumento, que en poco tiempo y transformándose en una suerte de decálogo religioso se convirtió por obra y gracia de la espada de Bolívar en ¨la bicha¨. La inoperancia en llevar adelante reformas sustanciales, sumado a la inmediatez que los bolivarianos (muchachos al fin) le imponían a la historia para lograr la trascendencia del proceso, mezclado con un poco de paranoia y delirios febriles, los colocó ante la encrucijada de ser funcionarios públicos honestos y probos, con paciencia para construir mediante el consenso el proceso que llevara a implantar la reforma, o ser defensores a ultranza de lo que por entonces comenzó a llamarse, no sin un dejo de travesura, como REVOLUCION. Como sabemos, la elección produjo el culto a la personalidad y quebró la raya moral porque en la guerra todo vale. Para algunos que se tomaron el tiempo de leer la constitución (yo lo hice en múltiples viajes del metro para entender que carajo esgrimía mi socio como argumento para defender a terceros) comenzaron a regar en voz baja, evitando ataques directos que los tildaban de herejes, las bondades de un texto que cobijaba en sus letras la posibilidad de cambiar la denominación antedicha por EVOLUCION. Como en sueños, la señora que en sus inicios se vestía de azul, otorgaba derechos que iban mas allá del estado-gobierno mismo, imponiendo un ritmo en el camino hacía el progreso que lamentablemente por mezquindades y por atacar a quien siempre y por desprecio consideramos como un subproducto de la academia militar, mal formado y mal educado, y si como si de una monarquía se tratara, atacamos con cañones llenos de vacío y rabia al pendejo ese, que como decía un amigo, nos anuló, aplicando el principio que ¨jugando lo mete el perro¨. En ninguna parte del texto se habla de aplicar tesis marxistas, leninistas, bolivarianas, zamoranas, y mucho menos fidelistas para imponer por la fuerza lo que en esencia, si lo miramos fríamente, nos es otra cosa que la búsqueda del bienestar colectivo en esta tierra de gracia, en donde lanzamos con descuido semillas y a los meses recogemos duraznos. Puedo comentar que la primera batalla que perdió el oficialismo, importante digo, fue la incapacidad de traducir en leyes aplicables los derechos contenidos (porque los metería en cintura), ni siquiera la sala constitucional se atrevió a corregir el entuerto desarrollando el principio de la aplicación difusa de la constitución, por lo que si se habla claro y raspao, aquí no pasó nada, salvo la fundación de un estado-país paralelo, con presupuestos ejecutados sin control, amparados como siempre en la maldita emergencia. Por supuesto, en este momento la revolución perdió el norte, empeñada como está en hacerse eterna sin obras que mostrar, empapada hasta los ojos de corrupción, ineptitud e intolerancia, que se justificaba hace unos años (entre ellos digo) con el argumento disparatado de defender al proceso, pero que ahora, de un tiempo para acá, cuando la repetición hasta la saciedad de una pesadilla virtual por parte de grupos opositores forjadores de una verdad mediática, logró que muchos consideraran inútil participar en política, lo que les quedaba a los bolivarianos (y mira que me cuesta identificarlos con ese nombre) era trabajar para avanzar en su proyecto y no repartirse el botín con el argumento que el enemigo a vencer era y es Bush junior. Alerta aparte merece la actitud del presidente, que como vemos dejó el librito enterrado en alguno de sus múltiples trajes, quien propone reformas anti sociales al texto con la excusa de estar atado de manos por los limites que establece una democracia real, que hasta ahora en la practica duerme el sueño de los justos. Yo prefiero más bien la reconstitución de los poderes públicos para que el control de la administración sea tan efectiva como lo exige la señora reproducida hasta el cansancio. Para concluir con esta larga cadena de incoherencias bien intencionadas- como todo en este país- recomiendo que pase lo que pase en diciembre, que seguramente nada pasará, cambiemos los términos del combate para adaptarlos mas a las reglas del dominó que a los de una guerra santa.

Sunday, September 17, 2006

Breves sobre violencia.

En la actualidad, confundir la libertad individual con el derecho (supuesto) de hacer lo que nos venga en gana, es parte de la respuesta cómoda e irresponsable que algunos escupen cuando se habla de la crisis desatada por la violencia en nuestros días.
Parece que proceder irrespetando a los demás, fuese una mala interpretación de lo que otorga el estado como proceso de reivindicación hacia los que menos tienen, aunque sencillamente no lo es, si queremos definir lo que pasa podemos determinar que es abuso por un lado (que se escuda bajo el ropaje de la libertad conquistada) y tolerancia cómplice por parte de quienes en teoría nos deben cuidar.
No suscribo la tesis que certifica que en nuestra tierra no hay estado de derecho, concepto de por si estrafalario y redundante porque la consecuencia visible del establecimiento formal del estado es la presencia del derecho como atributo ciudadano, y quizás por esa coletilla, hábilmente mercadeada por los artífices de la verdad a medias, es que la mayoría de los habitantes de acá renuncian por anticipado a ejercer acciones para proteger sus derechos, porque hacerlo sería una soberana perdida de tiempo. El principio que acepto es que el estado funciona de manera formal, los informales somos nosotros.
Volviendo a la violencia, los organismos encargados de acorralar o mantener a raya a los agentes que la producen (una victoria definitiva es imposible), constantemente declaran que los esfuerzos se anulan ya que los facultados para ejercer las acciones por parte del poder judicial y/o del ministerio público son incapaces, corruptos y complacientes, por tanto no se articulan los procesos para garantizar la paz ciudadana.
Lamento decir que esta insensata confesión de ineptitud, que busca librar de responsabilidad a los miembros del ejecutivo- poder que se elige por vía directa este diciembre- no genera otra situación que la impunidad en grado absoluto.
Extrañamente la confesión busca humanizar a los protagonistas de esta historia, tanto a los incapaces (cómplices la mas de las veces) que ruegan por una segunda, tercera y cuarta oportunidad, para que la misma se traduzca en victoria electoral, como también intenta humanizar a los salvajes que azotan a la población con el argumento que son un subproducto del capitalismo.
La respuesta para quienes tienen el monopolio para ejercer la violencia del estado, pero que no cumplen, es solicitar más recursos (para robárselos), mas poder (para restringir las libertades), articular una red de policía nacional (para acabar con la descentralización) y por supuesto hacer de todos los habitantes corresponsables por vivir y permitir que el estado funcione bajo una estructura de libertad garantizada por la constitución.
Es decir, ahora nos venden la idea que únicamente instaurando un régimen socialista, por vía de elecciones o instituyendo la presidencia vitalicia, se puede combatir y reducir los índices de sangre regada en la calle a diario, que por su cantidad amenaza con ahogarnos.
Mientras tanto los delincuentes (gente seria al parecer), articulados en redes organizadas, ganan espacio dentro de una sociedad temerosa de hacer valer sus derechos, se arman para imposibilitar cualquier acción contra ellos, reclutan a jóvenes sin esperanza, ponen en jaque a la estructura que debe por fuerza cobijar a la sociedad y sobre todo, por la impunidad garantizada por la acción torpe del estado, se les permite conquistar cada día mayores espacios en donde sembrando la muerte ejercen algo que por aquí se parece mucho a un oficio con réditos inmediatos.
En otras palabras, estamos permitiendo que el delito sea una profesión rentable.
Claro, en este momento debemos calarnos a la violencia, en época de reelecciones nadie va poner orden dentro de las ciudades paralelas (buhoneros), lo mas probable es que el inefable ministro encargado de la seguridad nos siga instruyendo sobre el uso correcto de la lengua (extraordinaria la clase magistral sobre emboscada), y para él, que tanto sabe sobre ubicar definiciones condensadas por la RAE, le pregunto: ¿Cómo llamamos al acto salvaje de tomar por las armas a un canal televisivo, matando en el acto a todo lo que se atravesase?, ¿Masacre?, ¿Homicidio calificado con alevosía por motivos fútiles?, ¿Revolución? o simplemente ¿Crimen contra la humanidad?.
Para ejercer mi derecho al estribo literario, creo que la respuesta ante el problema no está en el azar o en el rezar, está en volvernos ciudadanos activos -sin importar el color de la franela que vistamos- execrando al temor, y sobre todo exigiendo responsabilidades, garantizadas por una constitución vigente y magnífica, aunque con ausencia de leyes fundamentales para articular su aplicación.


Sunday, September 10, 2006

El cuento del autobús (con los santos no se juega):

Pensé que la experiencia había quedado en el ayer.
Que solo fue un día extraño en donde el año pasado atendí a una convocatoria que pretendía explicar un cambio de políticas en cuanto al tratamiento que hace el poder ejecutivo a los entes de ejecución, en el marco de la ley que atiende al sistema microfinanciero.
Fue una charla en el INCE en donde la pluralidad y la convivencia tenían cabida, en donde me sentí privilegiado con lo poco que tengo y en donde pude observar con admiración el esfuerzo que hace el colectivo para que de forma solidaria, los que menos tienen se transforman por efecto de la cooperación en dueños de la esperanza.
Y ¿porque traigo a colación el episodio?
Puedo responder que para honrar a quienes creen en el proyecto bolivariano de manera desinteresada, que ponen lo escaso que poseen para proteger al proceso que les dio presencia en una sociedad negada a reconocerlos.
Pero aunque suscribo lo anterior, el recuerdo del episodio, arrancado de la realidad por artífices de la manipulación de las emociones, viene a mi memoria por la explicación que una preparadora, apasionada hasta el delirio, daba a los presentes sobre lo que en sentido estricto (con soporte audiovisual incluido) define al proceso revolucionario.
Y no es otra cosa que el autobús.
Pensaba dejarlo así. Utilizar lo vivido para sacarlo a colación en el espacio de tiempo que cede una partida de domino, o presentarlo como anécdota que al ser escuchada por radicales de cualquier bando provocaría alaridos histéricos que no aportan nada a nuestro caminar.
Todo esto hasta que volví a escuchar la tesis del autobús, minutos antes de encontrarme con el sujeto, que para proteger su identidad llamaré Víctor, a las once de la mañana, en la línea cuatro del metro (que por cierto, le faltan detalles para considerarla terminada o susceptible de inauguración).
El problema no es referir el incidente sin tapujos, o hacerlo minimizando a los protagonistas de la historia hasta convertirlos en tarados políticos, el detalle está en que la reflexión obligatoriamente me lleva a alertar sobre el peligro del mensaje irrespetuoso que se mercadea de manera agresiva (con recursos financieros ilimitados) para que llegue a los pobres de este país, que son que jode o que somos todos.
La tesis habla que la revolución es un autobús, que en algún momento te recogerá, que en el futuro se construirán las paradas cerca del lugar en donde sobrevives, que el fulano aparato necesita de combustible que únicamente se obtiene por medio de votos, que en estos momentos viaja a gran velocidad porque el imperio pretender obstaculizar su recorrido y que dicha velocidad impide que se recojan mas pasajeros (reconoce la incapacidad de brindar servicio a todos) porque la revolución no se detiene. Algo así más o menos.
Lo particular es que el cuento suena mejor si se narra como lo hizo la preparadora, imitando el acento de Fidel – con cadencias incluidas- y lo fantástico de todo esto fue la pregunta que pudo formular un sujeto que vivía en un sitio bendito por dios, porque descubrieron que enterrando tubos plásticos sobre el relleno sanitario el barrio tendría acceso a gas para cocinar.
El señor preguntó si la revolución había planificado una parada cerca del lugar donde padece.
La señora contestó que ya el autobús había pasado por allá esmachetado, pero que no perdiera las esperanzas porque era casi seguro que volvería.
A lo que el señor respondió que entonces el proceso no llegaría a ninguna parte.
La cara de la preparadora se volvió de nuevo venezolana y preguntó ¿Por qué?
Y el que supuestamente nada sabe contestó.
- Porque para volver el autobús debe viajar en círculos.
Como estamos ahora, que para llegar a la siguiente parada que permita la atención de 6 millones de personas (meta de votos oficialistas), la llamada revolución, por fuerza, debe ganarle al señor Bush las elecciones en Venezuela.
Respeto señores candidatos, porque repito, cuidado que están jugando con candela.

Sunday, September 03, 2006

Carajazo, complemento de la definición RAE:

Llegamos al momento de la historia en que las cosas dejaron de ocurrir.
Al menos para algunos.
Lo que sucede sospechamos que pasó y nos dedicamos, agotando el aliento, a ofrecer respuestas a rumores que no tienen origen definido (solo se conoce el vehiculo) y que nos distraen de nuestra principal misión, ser ciudadanos.
La batalla ahora se centra en contestar rápido, es decir, hacerlo inmediatamente después que conocemos la noticia y en el acto de contestación nos explayamos ofreciendo versiones particulares, larguisimas en su mayoría, que pretenden explicar la postura política del grupo que se quiere defender.
Así tenemos al fiscal, balbuceando cansinamente por horas algo que a él le parece que puede ser una justificación ante ¨algo que escuchó¨ y que se pasea traviesamente entre los límites de la cordura, para con el acto exponer la postura ¿inequívoca? del ministerio público.
También le pasa a Jesse, con una frecuencia que se multiplica hasta el infinito mismo, cuando pretende revelar la diferencia entre valija y franquicia, sobre todo si procura hacerlo cuando el jefe no está.
Podemos conocer por ese medio extravagante las fortalezas y debilidades de las personas que hablan y que son expuestas sin pudor ante un público que lo que desea saber es que carajo pasó.
Otras veces el rumor toma la forma de decreto, como el del gordo, que nadie sabe de donde salió, cuales son y donde están los estudios que lo soportan y sobre todo que se quiere hacer al expropiar de palabra unos campos de golf en donde al parecer es difícil construir, aunque aquí entre nos, yo quiero vivir en uno de esos apartamentos imaginarios a ver si logro adquirir estructura corpórea.
Y luego salta la contraparte al ruedo, aprovechando los espacios que abren los medios de comunicación, financiados por el libre mercado (que es diferente a la CIA señores del gobierno, aunque funciona igual) y comienzan a presentarse ante nuestros ojos una serie indiscriminada de expertos que pretenden explicar porque este gobierno y sus medidas son comunistas, aunque sea de la boca para afuera.
La hiperinformación que padecemos se ha enquistado en nuestro caminar, sembrando de sobresaltos a los habitantes de esta tierra al regar sin control cualquier cantidad de idioteces que pretenden fortalecer o debilitar (según sea el caso) la supuesta solidez ideológica de un régimen que por lo demás, a parte de incapaz, lo que ha demostrado es ser muy mal administrador de fondos públicos.
En conclusión en uno de los ¨Aló¨ se siembra la esperanza colectiva al considerar que todo es posible en el futuro, nunca en el presente y en el otro ¨Aló¨ se combate fieramente no a las políticas publicas, no a los resultados de gestión, sino a la ligereza con que se difunde una información de imposible verificación (ya tenemos a los responsables de la fuga, del asesinato, de la crisis, etc.) trasladando el debate al campo de lo irreal, eso si, pero pendientes del rating y las encuestas, no vaya a ser que en la pelea virtual se pierdan unos puntos y con ello a clientes que mantienen esta loquera.
Y ni siquiera hay tranquilidad cuando el otro grupo hace silencio, porque cuando esto sucede entonces se desprende un colgajo del cuerpo del régimen y con argumentos aún mas incoherentes se intenta el ¨deslinde¨ de la postura primigenia asumida en el rumor, pretendiendo con esto llamar la atención del único, con el consecuente reconocimiento en el primer ¨Aló¨ y de allí todo arranca de nuevo.
Todo esto hasta que el pueblo se canse y salga a la calle a producir hechos, de realidad pura, que por aquí por estos bares siempre terminan con una expresión que busca simular al Golpe contundente dado con el puño o con algún objeto a una persona … o régimen.