Sunday, May 13, 2007


Las debo y con gusto:

Es bueno comenzar con una aclaratoria estúpida, que pretende realzar lo que pienso comentar. Por razones vinculadas a mi descalificación intelectual no estoy con ¨el proceso¨. En horas de la mañana del sábado 4 de mayo, sudando las cervezas del día anterior, me encontraba caminando por una parte rural, colindante con el lugar en donde vivo, cuando a la distancia observé, sin la menor curiosidad, a un grupo de personas que se aglomeraban alrededor de unos camiones que escupían, por medio de parlantes gigantes instalados en el techo, música venezolana del tipo llano adentro. Al llegar al tope de la loma decidí acercarme al jaleo en donde civiles y militares estaban en una faena con pinta populista. Lo primero que me vino a la mente fue que la jornada era una suerte de atención a personas sin recursos con la condición que se inscribieran en el partido socialista único, y con el ánimo de descubrir la maniobra, me adentré al submundo revolucionario con la intensión de descubrir la farsa. En el sitio se encontraban un par de camiones con el logotipo de ¨mercal¨, una ambulancia, un vehículo con ínfulas de clínica portátil, un vehiculo del ministerio de tierras, una patrulla de la policía del estado y un par de vehículos militares, aparentando entre ellos una coordinación ajena a las leyendas que sobre estos sucesos se han tejido en el imaginario popular opositor. A simple vista no se esbozaba nada extraño, no había juramentos socialistas cursis, tampoco el impulso de un censo para alienar mentes en desventaja, así como tampoco pude observar que se comieran a los niñitos y que se violaran a las mujeres. Lo que sí vi fue una jornada sorprendente, marcada por la conjunción de fuerzas sociales marginales, que formando un colectivo se atendían mutuamente de una manera más bien alegre. Guardando debida distancia con la actividad, me pare a un lado para satisfacer al lado maligno de mí ser, tratando de formar una crítica desmerecida que me diera elementos para transmitir en mis frecuentes crónicas vacías de inteligencia. Fue cuando se me acercó un señor trajeado de verde oliva, quien con mucha educación se presentó y se puso a la orden. Salvando la incomodidad inicial y luego de asegurar que la actitud nada tenía que ver con algo parecido a un acto represivo contra un ¨invasor¨, puedo relatar que el encuentro con el comandante (con aire sacerdotal) fue cuando menos impactante. La labor social llevada con paciencia, con conocimiento real de los problemas y con base a un apostolado que busca ¨acercar los extremos¨, mezclado con la rigidez de la formación militar bien enfocada y muy venezolana, me dejó simplemente conmovido, y con el deber de comentar que este tipo de iniciativas deben ser apoyadas por todos los sectores, si es que alguna vez queremos ser llamados sociedad. Sin la intención de alentar a las plañideras, que ven al golpe militar como panacea, el señor que dirigía la operación está conciente de las fallas estructurales en el gobierno, y muy especialmente en lo referente a la corrupción. Felicitaciones a las hormigas que alimentan esperanzas y que nos hacen olvidar por momentos que según los que saben de esto, estamos viviendo en días de Apocalipsis. Y al capitán de fragata que cortésmente me habló de la Venezuela que todos debemos querer, le hago saber, con la mayor deferencia, que se ha ganado el honor que le brinde un par de cervezas. Lastimosamente esta iniciativa se pierde por la bajeza de algunos militares que en cargos públicos, y para ganar puntos con el jefe, confunden la gimnasia con la magnesia y obligan a sus subalternos a inscribirse en el PUS.

No comments: